Tiempo de Torrijas

Llega la Semana Santa y es tiempo de reuniones familiares y en ellas, un protagonista, la gastronomía.

Pescados y mariscos pasan como primera opción de nuestras recetas y los aromas a leche, miel, naranja y canela, llenan nuestra cocina de aromas y sabores.

Tiempos de Sopas de Ajo, Potajes y Huevos de Vigilia, Coca de Boquerón, Chicharros en Escabeche y como no, el Bacalao, ese protagonista indiscutible de los pescados de Semana Santa que por toda España, ya sea en salazón, en buñuelos, croquetas o tortillitas está presente.

Y que contar de esos postres populares de nuestra gastronomía como las Frutas de Sarten, los Pestiños, las Momas de Pascua, los Hornazos, los Puritos Americanos o las Filloas. Pero sin duda hablamos de Semana Santa, y el alimento que tiene un simbolismo especial en todos los hogares en estas fechas y con el permiso de los anteriormente citados, es la “TORRIJA”.

Ese postre sobrio y económico que es elaborado con pan duro de varios días y empapado en leche o vino y después de rebozarlo en huevo se fríe en una sarten con aceite bien caliente, se endulza con miel, almíbar o azúcar y se aromatiza con canela. Ese postre que nos preparaban en casa nuestras madres y abuelas, ese postre que cuando lo probamos nos trasladan a esa infancia, ese postre que difiere de un lugar a otro, de una casa a otra, de una madre a otra y entre los mismos cocineros y reposteros. Ese postre, sea de pan de molde o de brioche, de leche o de vino, seco o en remojo, tradicional o relleno.

Ese postre son las Torrijas y las Torrijas nos gustan a todos.

Pero no solo se comen en España, en toda Europa tienen su Torrija tradicional; los franceses su Pain Perdu, en Alemania, el Arme Ritter, los portugueses las llaman Rabanadas, Pofesen en Austria y Bundas Kenyer en Hungria entre otros.

Estos dulces comenzaron a prepararse por los años 1600 para aliviar a las parturientas a dar a luz y su recuperación gracias a que es un alimento calórico que aporta energía. Ya lo mencionaba el poeta y autor teatral salmantino Juan de la Encina en su villancico número IV en el que incluye los versos:

En cantares nuevos/

Gocen sus orejas/

Miel e muchos huevos/

Para hacer torrejas/

Aunque sin dolor/

Pario al redentor/

Asimismo, se incluyó en la cuaresma para compensar los periodos de abstinencia de algunos alimentos como combustible contra el ayuno, una manera barata de recargar energías utilizando dos alimentos básicos como son el pan y la leche o el vino dulce, porque la tradición popular dice que las torrijas representan el cuerpo y la sangre de cristo.

Más adelante, a comienzos del siglo XX, la torrija empezó a ser muy habitual en las tabernas madrileñas servida con un chato de vino.

Sin duda, las hagáis caseras o si pensáis ir a comprarlas hechas este plato es un pecado, porque es……

………Tiempo de Torrijas.

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